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15 octubre, 2009

El libro del futuro convive con el formato tradicional en Fráncfort

FRANCFORT.- “Les deseo a todos una inspiradora, pacífica, controvertida y no siempre cómoda Feria del Libro.” El director de la 61a. Feria del Libro de Fráncfort, Juergen Boss, sintetizó ayer la impronta que tendrá este año el mayor encuentro de la industria editorial del mundo: ideas, negocios y polémicas políticas. Los libros, un mercado editorial que sufre los embates de la tecnología y China como país invitado de honor responderán, respectivamente, a cada aspecto.

En un predio ferial que supera casi cuatro veces las dimensiones de la Feria del Libro de Buenos Aires, hoy se pondrá en marcha una gigantesca maquinaria organizativa, que durante cinco días reunirá en esta ciudad a 7314 expositores de 100 países; premios Nobel y escritores nuevos; 2500 actos culturales y una variedad de ofertas que van desde un pabellón dedicado a la gastronomía hasta un encuentro sobre las relaciones comerciales entre libros y videojuegos.

En un prolijo y expeditivo encuentro con la prensa -en alemán e inglés, con opción de traducción al chino-, quedó claro que la Feria del Libro de Fráncfort conserva ese nombre, pero su razón de ser se está modificando.

El centro del negocio es ahora el “contenido” y el papel debe aprender a convivir con novelas para teléfonos celulares, ensayos para pantallas portátiles y videojuegos para comunidades on line. Y con los problemas de copyright que abre Internet, por ejemplo, en el reciente acuerdo de Google y la industria editorial norteamericana, que permitiría libre acceso a contenidos digitales. El convenio, que revisa la justicia en EE.UU., ya causó la oposición firme de varios países europeos, Alemania entre ellos.

“Apoyamos la digitalización, pero estamos contra el monopolio de una empresa comercial. Los dueños de la propiedad intelectual, en todo el mundo, quedarían a merced de las arbitrariedades de una sola empresa, que ni siquiera es parte de la industria editorial”, dijo Gottfried Honnefelder, presidente de la Asociación de Editores y Libreros Alemanes. Lo repitió más tarde, en la inauguración oficial, en un auditorio para más de 2000 personas, en el que se pudo entrar tras atravesar estrictos controles de escáner y pasaporte. Lo escuchaba la canciller alemana, Angela Merkel. “Esperamos que usted apoye la protección de la propiedad intelectual en Internet”, le dirigió desde el estrado. Una sonriente Merkel asintió desde su asiento y lo confirmó luego en sus palabras, cálidas y aplaudidas, las últimas tras siete oradores.

Admirada y criticada

Alemania tiene razones para defender su potente industria editorial. Las ganancias del sector este año aumentaron 2,8% con respecto a 2008 y, mientras los expositores de habla inglesa y de Europa del Este redujeron su presencia en esta feria, los alemanes agotaron los espacios de exhibición y quedaron varios en lista de espera.

Los actos oficiales también dejaron claro que, como país invitado de honor, China deberá esforzarse para que su lema “Tradición e innovación” se imponga sobre las advertencias por la libertad de expresión que se escucharon hasta ahora.

Boos fue contundente: “Condenamos fuertemente las violaciones de los derechos humanos y las limitaciones de la libertad de expresión en China. Pero un proceso de cambio no se acelera evitando los temas difíciles. China puede ser admirada, temida o criticada, pero no puede ser ignorada”. De los 450 actos culturales organizados sobre ese país, habrá 250 actividades con foco en escritores chinos exiliados, disidentes y organizaciones de derechos humanos.

Advertencias similares se escucharon de dos escritores chinos: el celebrado Mo Yan y Tie Ning. A su turno, el vicepresidente chino, Xi Jinping, habló de “respetar la diversidad”, pero dejó clara su postura: “Estamos abiertos a aprender de otras culturas, pero basados en nuestro propio fundamento cultural”.

La vitalidad de la feria se hace visible, por ejemplo, en el espacio dedicado a las negociaciones de derechos, que creció este año. Y en el hotel céntrico en el que se alojan las presencias más renombradas, que se recomienda visitar como si fuera un sitio turístico y en el que se toman muchas de las decisiones de peso.

En números

  • Expositores: hay 7314 de 100 países. El predominio es de Alemania, con 3312, seguida por el Reino Unido, con 809, y EE.UU., con 624. La Argentina llevó 17.
  • Títulos: se exhibirán 401.932 títulos y habrá 123.823 lanzamientos.
  • Público: en 171.790 metros cuadrados, se calcula que los visitantes superarán los 300.000 cuando cierre, el domingo próximo.
  • Entrada: no es una visita económica. El público, que sólo puede entrar el sábado y domingo, paga 14 euros. Los expositores desembolsan 42 euros y quienes hacen negocios, 36 euros por día.
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