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11 enero, 2013

Clusters y su impacto en la competitividad

El aumento de la presión competitiva generada por la globalización de los mercados, las nuevas tecnologías de la información, las crisis financieras recurrentes, la aparición de un neo proteccionismo, todos fenómenos que azotan el mundo contemporáneo, han transformado gradualmente la base competitiva que enfrentan empresas y los países. Hemos pasado de una competencia basada en los precios relativos hacia la generación de ventajas competitivas dinámicas. Los países, las regiones y las empresas ya no se diferencian sólo por sus dotaciones de factores sino también por aquellos elementos que dependen de la gestión de los mismos, y de la naturaleza del medio económico y social en el que actúan. En este contexto, el conocimiento emerge como elemento clave de la competencia, beneficiando a las firmas que lo crean y/o aplican más rápidamente que sus competidores.

La generación y difusión de la innovación y del conocimiento son procesos complejos que incluyen un gran número de interrelaciones entre proveedores, clientes, fabricantes y usuarios de los bienes; colaboración formal e informal entre firmas en un sector en particular; movilidad de trabajadores entre empresas;  el spin-off  de nuevas compañías firmas ya existentes, universidades y laboratorios de investigación. Dada la complejidad de actores involucrados y las múltiples relaciones que se pueden generar entre ellos, los conglomerados, clusters o polos industriales, aparecen como una de las formas de organización más virtuosa dada su capacidad para coordinar recursos y actores, y de facilitar la transmisión de know how y expertise por medio de la cooperación inter empresarial, potenciada por la concentración geográfica de empresas dentro de un ambiente local de negocios de calidad.

Cada vez más la competitividad deja de ser el resultado exclusivo de esfuerzos individuales y expresa la articulación sistémica de iniciativas, y sus instituciones (privadas y públicas). Las  aglomeraciones de empresas y, en especial los clusters, han surgido, en general, espontáneamente, como consecuencia de la búsqueda de mayores niveles de eficiencia económica. Las compañías definen sus estrategias espaciales como una respuesta a los desafíos de los mercados, y por ello introducen estrategias de organización y localización que les permiten dar respuesta a los cambios en la demanda y la competencia de los mercados. Los modelos de producción masiva y estructura tecnológica rígida ceden paso a modelos con organización horizontal, de unidades más pequeñas, basados en recursos calificados e innovadores, conocidos con el nombre de «especialización flexible».

Los aspectos más destacados de los clusters son la concentración geográfica, proximidad de las empresas, su especialización sectorial, la fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas, coexistencia de competencia y de colaboración intra empresarial,  la articulación con clientes exigentes, una identidad sociocultural que facilite la confianza entre empresas y empleados, disponibilidad de recursos capacitados, organizaciones de apoyo y gobiernos activos, que impulsan procesos de innovación y capacitación de la industria, información especializada, actividades complementarias, instituciones y bienes públicos.

Los clusters no tienen un carácter único, sino ciertas características comunes y muchas otras que los diferencian. Allí reside una paradoja: en una economía global, las ventajas competitivas duraderas tienen que ver cada día más con factores locales como el conocimiento, las relaciones y la motivación – que los rivales distantes no pueden igualar.

Es por ello que los países desarrollan estrategias orientadas a impulsar y potenciar la creación y crecimiento de esas nuevas estructuras especializadas y concentradas geográficamente, a fin de asegurar capacidades necesarias para enfrentar los desafíos que impone la globalización. Como modelo, se destacan a nivel internacional como modelo los distritos industriales de Italia y de Alemania, las redes de  outsourcing en Japón, la pequeña y flexibles empresas de Taiwán, y, en América Latina, el desarrollo alcanzado por nuestro vecino, Chile.

El percibir y aprovechar las oportunidades planteadas por la economía requiere estar atento a las mismas. Argentina debe enfrentarse aún al reto de promover el surgimiento de estas agrupaciones. Nuestro país cuenta con un sector Pyme que concentra recursos capacitados, con acceso a la tecnología adecuada para encarar este reto.

Si bien el desarrollo  de la asociatividad empresarial en general, y de los clusters en particular, no ha sido un fenómeno generalizado y gravitante a lo largo de la historia económica argentina, aparecen casos exitosos como el clúster agroalimentario-metalmecánico de Rafaela, que son  considerados como excepcionales.

En Argentina se da una estrecha relación entre la asociatividad y la creación de nuevas empresas El número de compañías existente en cada aglomeración no suele reunir el necesario para conformar una masa crítica. En consecuencia, el enfoque de clusters debe integrarse con el del desarrollo emprendedor a los efectos de plantear adecuadamente las perspectivas de expansión del mismo. Para avanzar en esta dirección, es necesario introducir dos elementos centrales que condicionan la dinámica del clúster: a) la existencia de grupos de emprendedores y b) la existencia de organizaciones incubadoras (empresas, escuelas, universidades, otros instituciones).

El nacimiento de un clúster es un fenómeno espontáneo que puede obedecer a circunstancias históricas, sociales, económicas, o a hechos fortuitos, lo que lleva reflexionar sobre el rol del Estado para  propiciar  su creación y desarrollo. No solo en cuanto a la definición de políticas públicas, que podrán ser más generalistas o selectivas al promover un conjunto de empresas o de sectores estratégicos basándose en el impacto que podrían tener sobre la económica local/regional, o en la posibilidad de apoyar la creación de nuevas actividades innovadores para el crecimiento futuro, sino también en establecer fuentes de financiamiento al emprendedor local que estimule el surgimiento de nuevas compañías en este proceso  clustering.

Me gustaría rescatar la figura de los denominados “clusterpreneurs”, personas clave que lideran y dirigen el proceso, cuya influencia en el mismo es prioritaria. Si queremos vitalizar nuestro proceso de conformación de clusters más allá de la necesidad de un Estado presente a través de sus políticas públicas, deberemos estimular el movimiento emprendedor, promoviendo la visibilidad de los clusterpreneurs como modelos a seguir. Algunas experiencias comienzan a ponerse en evidencia a raíz del surgimiento de instituciones o proyectos comunes que canalizan y/o catalizan iniciativas en favor de la competitividad de las empresas de la región. Ejemplos de este tipo lo constituyen el caso del vino en Mendoza (Argentina), el polo del diseño  en la Ciudad de Buenos Aires, las áreas de tecnología en Rosario, Córdoba, Tandil,  y Bariloche, entre otras. Esperemos que sean la semilla que gemine en nuestra economía.

Lic. Elena Roldán, directora de las Licenciaturas en Comercio Internacional, y Dirección de Negocios Globales, de UADE, Argentina

 

Infotech_Neuquen_Mercados_Unidos

 

En la Provincia del Neuquén, disponemos de un modelo de Cluster Tecnológico modelo: Infotech Neuquén. Invitamos a acceder a su sitio Web:

http://www.infotech.org.ar

Juan Moratto

 

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