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16 octubre, 2013

¡Cuidado! Lo estamos filmando en su lugar de trabajo

Las cámaras fueron muy resistidas; ahora los juzgados laborales las aceptan como pruebas en juicios

La aceptación de las filmaciones avanza cada vez más en la justicia laboral, especialmente si van acompañadas de otras pruebas. Si bien la presencia de las cámaras no suele caer bien entre los empleados, su uso está extendido y amparado por la ley.

El artículo 70 de la ley de contrato de trabajo dice que “los sistemas de controles personales del trabajador destinados a la protección de los bienes del empleador deberán siempre salvaguardar la dignidad del trabajador y deberán practicarse con discreción y se harán por medios de selección automática destinados a la totalidad del personal”.

Esa norma no se actualiza desde la sanción de la ley en 1976, por lo que no incluye las nuevas tecnologías, pero se interpreta que las cámaras se permiten en la medida que no menoscaben la integridad de las personas. “La ley trata de evitar que se pongan cámaras en lugar donde pueda afectarse la privacidad, como vestuarios y baños -dice Natalia De Diego, abogada senior en De Diego & Asociados-. Lo novedoso es que las empresas la usan como medio para preconstituir la prueba. No esperan a llegar a la demanda. En ese sentido es revolucionario el uso de la cámara o audio.”

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En cuanto a las cámaras que graban con sonido, Juan Carlos Cerutti, socio de Cerutti, Darago & Asociados, explica que registrar el audio sólo tiene sentido si se necesita saber de qué se está hablando, no para escuchar lo que dicen los empleados. “No podrían usarse en una línea de producción, pero sí se puede registrar las conversaciones que tienen los empleados de un call center. De hecho se hace y se avisa que es para mejorar la atención. También podría hacerse en caso de que la atención fuese presencial y no telefónica”, comenta.

Las compañías recurren a filmaciones para proteger su propiedad, también para cuidar a sus empleados, disuadir hechos delictivos y determinar causas de accidentes, entre otros usos. “Cuando recién empezaron a instalarse las cámaras hubo mucho ruido, pero luego se fue diluyendo en parte porque las mismas empresas entendieron que debían usarlas para proteger activos y no para perseguir empleados”, dice un profesional de RR.HH. de una textil que prefiere mantener el anonimato.

Aclara que las cámaras no son infalibles. “Su uso no impidió que nos enterásemos de que algunas de nuestras prendas se vendían por izquierda”, reconoce.

Un caso real narrado por una de las fuentes que prefiere no dar su nombre cuenta que un hombre pasó por el área de vigilancia del laboratorio donde trabajaba y sonó una chicharra. Le tocó abrir su bolso y vaciar sus bolsillos, donde tenía 10 cajas de medicamentos oncológicos. La declaración de testigos y el video de una cámara de seguridad lo acorralaron. En la comisaría admitió que había hurtado los remedios y la grabación resultó una prueba contundente.

“El uso de cámaras de manera preventiva tiene que ver con que los conflictos son muy complejos. Los reclamos individuales cada vez son más y por montos más grandes”, explica De Diego. Además, según el profesional, porque aumenta el delito en la empresa.

Según la última encuesta global sobre fraude de la compañía de inteligencia y mitigación de riesgos Kroll Advisory Solutions y The Economist Intelligence Unit, realizada entre 839 ejecutivos, 67% de las firmas que sufrió al menos un incidente de fraude dijo que el actor principal fue un empleado de la compañía.

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El impacto de la cámara

El dato supera al de 2011 (60%), y al de 2010, 55 por ciento. “Las cámaras disminuyen la intención de delinquir, se descubre fácilmente a los culpable al revisar las grabaciones y esto permite tomar medidas preventivas”, dice Matías Nahón, titular de la oficina local de Kroll.

Ante el delito consumado, las filmaciones se usan para negociar la desvinculación de quienes se consideran en falta.

Hace unos meses, en un colegio de la ciudad de Buenos Aires empezó a faltar dinero y objetos de los empleados. Una filmación de una cámara en la zona de los lockers de un vestuario reveló que un trabajador saqueaba los bolsillos de la ropa ajena que quedaba colgada a la vista. Confrontado con la prueba, presentó la renuncia. La situación había afectado el clima de trabajo y la empresa decidió pactar la salida sin ir a la Justicia para evitar que el tema trascendiera.

Lo mismo suele pasar en casos de acoso sexual en los que se busca proteger a la víctima, y también evitar un escándalo mayor que afecte la imagen de la empresa.

En el caso del colegio, tal vez si el trabajador hubiese recurrido a la Justicia no le habría ido mal. La cámara estaba en un vestuario. Si bien apuntaba a los lockers y no a los baños y las duchas, ese dato sumado a que la filmación era el único medio de prueba podría haber convencido a un juez de que la intimidad del ladrón había sido violada.

“Es nula la filmación en lugares donde se afecta la intimidad. Tuvimos un caso en que se detectó que una persona se quedaba con objetos ajenos en un baño y, por estar ubicada la cámara ahí, invalidaron su uso”, dice Julián de Diego, fundador y titular del estudio homónimo.

Hace unos años, una pareja fue filmada mientras tenía relaciones sexuales en una sala de un laboratorio de control de calidad. “Como la empresa los había despedido invocando esa causa, pero también los había indemnizado porque sus antecedentes eran buenos, los jueces condenaron por daño moral a la compañía. Pero como el daño moral era mínimo sólo fueron 10 pesos”, relata De Diego.

Las expresiones de amor en el lugar de trabajo no son inusuales. “En una empresa donde trabajé filmaron a una pareja en actitudes poco aptas para una oficina. Ellos no sabían que había cámaras en ese lugar, la empresa no lo había comunicado porque intuía que algo pasaba”, explica un gerente de RR.HH. que prefirió no ser identificado.

“Si la instalación no se comunica a los empleados, las cámaras tienen que estar muy visibles de manera que no haya equívocos. No podría haber una cámara oculta porque se estaría violando la intimidad del trabajador”, aclara Cerutti. El uso de cámaras escondidas podría generar demandas por daño moral y lucro cesante contra la compañía.

En casos extremos

“En derecho colectivo, en medidas de fuerza donde se ocupan plantas las empresas pueden constatar que la ocupación es ilegítima, bloqueos de entradas y salidas, y otras irregularidades con las filmaciones”, dice De Diego. Eso sucedió en 2009 durante la protesta de trabajadores de Kraft Foods (hoy Mondelez) tras el despido de 162 personas. “Durante la toma de la planta, un grupo de empleados pretendió acceder a los silos harineros para contaminar la harina que después se debía emplear para la fabricación de galletitas y pastas. Por suerte las puertas blindadas y los candados no pudieron ser violados”, recuerda Alberto Pizzi, CEO de la empresa en ese momento.

Durante el conflicto, además de las cámaras instaladas en el perímetro externo y zonas internas de las áreas administrativa y de producción, se pidió a la empresa que brindaba servicios de seguridad que registrase con cámaras manuales anomalías en los accesos y situaciones irregulares. Se hizo “para registrar responsabilidades en los actos de vandalismo o generación de hechos peligrosos como la quema de maderas de pallets cerca de la toma maestra de gas de la planta”, dice Pizzi. Esas filmaciones, junto con testimonios de testigos y pruebas físicas, fueron utilizadas para demostrar ante la Justicia “que los reclamos eran acompañados de acciones violentas y demostrar la intención manifiesta de ocasionar costosos daños materiales”.

Sorprende que sabiendo que se usan cámaras, algunas personas se arriesguen con conductas sancionables. Se debe en parte a la creencia de que no tienen valor probatorio en la Justicia. Se equivocan: si van a acompañadas de otras pruebas, las filmaciones ayudan a confirmar los delitos. De hecho, hay jueces que usan su computadora para mirar las imágenes en pleno debate judicial.

Juan Moratto

www.vigilanciaonline.com.ar

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